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Tiene la obra artística de Juanjo Gurrea un encanto especial: ese encanto especial que irradian lo natural, lo auténtico, lo lúdico. Es por ello que la obra de Juanjo –como toda verdadera obra de arte- no necesita explicaciones. Es bella y bonita. Y punto.
Lleva años Juanjo trabajando su obra, con el ánimo abierto, en constante escucha, en continua búsqueda, siempre buscando. Una vez será un material, otra vez un motivo o quizá una idea, una ocurrencia o un certamen…¿Quién sabe? La inspiración lo cogerá trabajando. Porque un artista nunca descansa. Y a punto de finalizar una obra, ya ha comenzado a trabajar la siguiente.
Al fin y al cabo, siempre ha sido así. Es natural al niño jugar y al adulto crear arte. Nos es imprescindible la imaginación, para domesticar el entorno, siempre extraño y amenazante. La imaginación, en un primer momento, nos aparta de la realidad y nos lleva a nuestro interior, donde a continuación creamos un mundo que nos ayudará a vivir en la cruda realidad. El científico creará el mundo de la ciencia; el artista, el mundo poético.
Ahora, en esta su primera exposición, Juanjo nos ofrece la oportunidad de contemplar su mundo poético y disfrutar de él. A la vez que nos remite a nuestro interior y nos invita a seguir construyendo nuestro propio mundo.
Pello Esnal |
Desciendan las manos
allá donde el corazón se hace cimiento.
al fin latido, pulsación que se alza
en la frontera del canto.
La gubia se abre hueco para que entre el cielo,
vacíos que limitan y abrigan, cauces
por los que el silencio se deshiela.
Sauces encendidos dentro de sí.
Este acero, este bronce, este cartón por el aire,
por el alba, por las estrellas, comienza a brotar
como un ave que se desprende de la tierra.
A la flor no hay más que un paso.
Y se presiente la luz, el tiempo que pasa
recogiendo sus extrañas formas de eternidad,
ya el ser que se dispone a nacer en libertad.
La soledad es ya una casa, el horizonte propio
que habitamos.
Los zapatos, fuera. Entro a soñar sin fin.
José Luis Padrón
(Zarautz, verano de 2005)
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